Jorge Gaitán: El Tribuno del Pueblo.

JORGE GAITÁN: EL TRIBUNO DEL PUEBLO
Recordando a Jorge Eliécer Gaitán Ayala en el 60 Aniversario de su Muerte (II)

En la biografía de Jorge Gaitán podemos observar que su vida fue una completa simbiosis con su pueblo. Fue un fenómeno muy especial de mutua asociación y de plena identificación. En alguna oportunidad se definió: “Yo no soy un hombre, soy un pueblo. Esa comunión perfecta fue posible por su profunda calidad humana y por su pensamiento y acción sobre los cuales construyó su personalidad recia y batalladora dirigida al enfrentamiento del orden establecido, asumiendo su rol con plena conciencia hasta las últimas consecuencias. Es por ello que su vida se convierte en una parábola de lucha y de superación y se plantea desde su juventud, la conquista del poder para el pueblo.

Su vida entera es la comprobación de esta conciencia revolucionaria. “Ser revolucionario –decía es ir contra el eje mismo de lo que se juzga absurdo y perjudicial; pero seriamente, metódicamente, centralmente. El revolucionario sabe que la labor es ardua, dura, difícil y por lo tanto considera que la realización no es para hoy, que las pirámides no se comienzan por el vértice. El revolucionario de ideas no comprende la revolución sino como la culminación de una evolución antecedente, orgánica y formal”.

Este pensamiento lo escribió cuando apenas tenía 26 años de edad y lo que demuestra su plena identificación con sus ideas. 7 años mas tarde afirmaba: “Nada hay mas difícil que ser un verdadero revolucionario. Entre todas las profesiones creo es ésta la que mas requiere cualidades especiales y la que mas necesita de conocimientos y de estudio. Un revolucionario no es siempre rebelde. El rebelde es una negación temperamental en frente a los acontecimientos. El revolucionario es una afirmación cerebral, no en frente, sino dentro de los acontecimientos. En el uno la posición es expectante, en el otro es actuante.”

Jorge Eliécer Gaitán entendió muy bien que el ser revolucionario es una acción permanente de formación, de estudio, dedicación y lucha, de entrega a los ideales en forma de pasión sin intermitencias. Fue un hombre que trabajó para su pueblo y su pueblo se identificaba con él. Fue un hombre que colocó en segundo plano su vida privada y la redujo prácticamente, a la construcción de la revolución.
Es así como aprovecha al máximo su juventud, su tiempo. Estudia derecho y por eso su pensamiento y obra estuvieron influenciados por especialistas en el ámbito jurídico y de la sociología. El positivismo en los estudios del criminólogo Enrico Ferri, le impregnaron de un sentido progresivo y hasta liberador, al decir de Palmiro Togliati; del conocimiento social y evolutivo de la historia en las obras de Spencer y Comte; de Lombroso y Labriola; de Duguit y Macaulay; de Garófalo, Puglia, y Gripigiei; de la literatura romántica de Henry Barbuse, Máximo Gorki, Lamartine, Leopardo y Carlyle; del pensamiento social colombiano de Rafael Uribe y Alejandro López, de la filosofía científica de Marx y Engels, de todas estas corrientes culturales, científicas y literarias, toda esa gama entrecruzada y entrelazada que nutre su pensamiento y emergen en la personalidad y contenido de su lucha.

Por otra parte, grandes acontecimientos como la revolución mexicana de 1910; la revolución rusa de 1917; la personalidad de Lenin; la guerra civil española y las dos guerras mundiales de 1914 y 1939, la fugaz república socialista de Chile en 1932, indudablemente influyen en la sensibilidad absorbente de Jorge Gaitán en sus luchas sociales en Colombia.

Jorge Gaitán bien sabía que estaba dotado de la capacidad de servir a las grandes necesidades sociales, con una enorme capacidad de resolver los problemas sociales, de tomar la iniciativa para satisfacer esas necesidades y también sabía muy bien, que representaba el sentir de su pueblo. Sin embargo señalaba: “Es pueril el criterio Caryleano que todavía cree que las revoluciones las realiza el caprichoso y autónomo querer de unos cuantos hombres, como si la historia no fuera un proceso, como si los elementos de la transformación, desde lo biológico hasta lo social, no estuvieran íntimamente engranados. Hay que destruir esas concepciones idolátricas que hacen creer que unos cuantos hombres privilegiados hacen su voluntad a despecho de las masas y de la historia y le dan triunfo a las revoluciones y a los partidos”.

Para quien no lo entendían, les parecía altivo y soberbio. Sólo reflejaba el profundo anhelo rebelde de su pueblo, del proletariado, de los desplazados, de los excluidos. Por eso no hay asomo de modestia en su afirmación ni en la trayectoria de su vida. En el debate de las Bananeras en 1929 afirmó: “Yo no practico esa modestia de la cual Giovanne Porzzio, apellidaba el pecado hipócrita de los débiles que no se sienten alentados por la fuerza de la verdad”.

Su pensamiento, su lucha tenaz la dirige a su pueblo a quien trata de proyectarle su energía revolucionaria: “necesitamos crear el estado de alma revolucionario, primera e indispensable base de todo movimiento político. Hemos querido actuar con método, sin apresuramientos innecesarios. He ahí, precisamente, una de las cualidades que nos distinguen de la vieja política y de los viejos sistemas: no queremos el empirismo. Deseamos someternos al rigor de la técnica…Estamos en un momento en que nadie ha triunfado, sino en todos se aprestan para la lucha. Además, no se olvide que las grandes transformaciones políticas, sobre todo como la nuestra, no se improvisa, ni nosotros queremos improvisarla. Ahora necesitamos entregarnos de lleno y exclusivamente a la propaganda, al convencimiento, a la formación del espíritu nacional, del sentimiento revolucionario de las masas. Y para esa propaganda nada nos importa lo existente. Mientras el espíritu nacional no se haya formado todo lo demás es inútil. Todavía no estamos trabajando en el plano de las realizaciones efectivas”.


Esa acumulación de energía, de conocimientos, de sentimientos, la vuelca Jorge Gaitán en su lucha revolucionaria hacia su pueblo. Decía: “Las tres bases de la revolución son: temperamento, idea, procedimiento”. El temperamento revolucionario, es lo que trataba de insuflar en las masas. La idea es revolucionaria. El procedimiento, consiste en encuadrar a las masas en un gran movimiento de clases. Su gran ideal en consecuencia, fue crear un gran partido de masas en un solo órgano político que luchara sin contradicciones por su propia liberación. Fue su gran ilusión y su gran frustración. Pero siempre mantuvo su meta: el poder para el pueblo. “no pensamos en la conquista del poder para el poder, aspiramos es a una revolución. Lo que importa por ahora es que el pueblo tenga conciencia de sus ideas y sepa hacerlas triunfar no con métodos de barbarie, sino con verdadera pasión espiritual”.

Es por eso que Jorge Eliécer Gaitán deja una profunda huella en el alma del pueblo colombiano que en el tiempo se volvió universal. Su lucha se transformó en la lucha de todos los pueblos que buscan su liberación. Es la prolongación de la lucha de José Antonio Galán, es la versión libertadora de Simón Bolívar y de Martí. Su oratoria tan extraordinaria, lo caracterizó como el mas grande agitador social de su época, uno de los mas grandes de América Latina del siglo XX.

En el 60 Aniversario de su muerte, recordamos los venezolanos y venezolanas, su arenga al pueblo de Caracas, en la Plaza de El Silencio, el 18 de Octubre de 1946: “…Pero yo, capitán de multitudes de Colombia, vengo a contemplaros vibrantes y plenos, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, irrumpiendo en esta plaza; y a decir desde esta tribuna a todas las gentes de Venezuela que de ¡ahora en adelante sólo habrá una voz que mande sobre esta tierra sagrada: ¡la voz del pueblo, por el pueblo y para el pueblo!…

Hacéis bien en defender corajudamente esa obra; en conquistar previamente esa libertad política formal que nosotros, los colombianos ya conquistamos, y que os preparéis para una nueva etapa de las realizaciones por venir. …

Estos pueblos hermanos conservan sus peculiares notas, sus realidades diversas, pero cada día se acercan más los unos a los otros. Y esas distintas realidades pueden condensarse en una sola afirmación que hace temblar el criterio feudal de las castas minoritarias que todavía en América imperan; pueden sintetizarse en el deseo que todos anhelamos y que todos impondremos: iqueremos que los amos sean menos amos para que los siervos sean menos siervos; queremos que los poderosos sean menos poderosos para que los humildes sean menos humildes y queremos que los ricos sientan que deben ser menos ricos! ¡para que los pobres reciban mejor remuneración por su trabajo!

Pueblo: Ni un paso atrás en esta maravillosa obra que estáis realizando con un gobierno comprensivo y sin una vacilación, porque el ritmo de vuestros corazones es el mismo ritmo del corazón de todos los hombres de América.
El hombre vale por su tenacidad. El hombre vale por la rotundidad que ponga en el amor a sus ideas. Nada puede detener al pueblo ni hacerlo vacilar y si un solo varón quedara en Venezuela de todos los que aspiran a ser libres; que ese hombre solo se sienta obligado a la batalla, porque yo diría que ¡vale más una bandera solitaria sobre una cumbre limpia que cien banderas tendidas sobre el lodo!”

Al 60 aniversario de su muerte, el pensamiento y el ejemplo de Jorge Eliécer Gaitán Ayala están más vivo que nunca en nuestras mentes y en nuestros corazones.

Sara Mier y Terán Ojeda
E-mail: saramyt@gmail.com

Una respuesta

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