Los pobres y miserables espíritus libres.
( La juventud de hoy vista en el espejo de F.Nietzsche.).
Prohibida para menores de treinta años.
Cansados ya de la vieja moral católica, tan hierática y fantasmagórica, tan llena de prejuicios y falsedades, con una historia nefanda llena de errores y arbitrariedades, y tal vez lo peor, aun dirigida por los grandes sacerdotes formalistas, conservadores impenitentes, ciegos a las necesidades y posibilidades de la humanidad, persistentes en sus rigurosidades interpretativas y ajenos a la verdadera virtud del origen de su creencia, así de ahítos y decepcionados, los jóvenes de hoy guiados tal vez por los intelectuales de la derecha y los ideólogos de la burguesía, han creado ya su propia fantasía.
Dibujando sobre los trazos desfigurados y borrosos de lo antiguo, han recurrido al artificio y a la falsificación, cuando no han encontrado lo que les hacia falta, buscando desesperados, afectados por una decepción profunda, y horrorizados ante la soledad, intentado descansar de si mismos, poniéndose a cubierto en alguna parte, proclaman a viva voz su condición de seres vivos y a continuación afirman que la vida no es, a fin de cuentas, una invención de la moral. Las falsedades que los agobian los obnubilan absolutamente y confunden lo ideológico con lo moral, viendo oscuridad por todas partes, así se atreven a decir que la vida desea el engaño, que vive del engaño; y al decirlo se dan cuenta de su inmoralidad, de su extra moralidad y blandiendo, como el pirata la bandera negra con la calavera blanca, se autocalifican como seres “más allá del bien y del mal”.
Todos han hablado por una sola voz.

Lo primero que han inventado, para su propio uso, son los “espíritus libres”, externos al ego, pero inexistentes, porque lo primero que hacen es reconocer su inexistencia; pero, les conceden una categoría especial, reconocen su propia necesidad y dependencia sicológica, los “espíritus libres” deberían existir para llenar la soledad que los aqueja. Y es por eso y solo por eso, que se atreven a crearlos en su fantasía.
Confiesan también su infantil deseo lúdico de hacerlos realidad preguntándonos así: ¿y acaso no hago yo algo para apresurar su llegada, cuando describo anticipadamente bajo que auspicios los veo nacer, por que camino los veo llegar?
¿Cómo nacen los espíritus libres?
Dentro de la fantasía del creador los “espíritus libres” son una maduración del espíritu, que en un acto de desligamiento, rompe con la ligadura más fuerte: “sus deberes”, “el respeto”, tal y como conviene a la juventud, “la timidez” ante todo lo que es venerado y digno. Ese rompimiento es repentino, el alma joven se siente de golpe agitada, desligada, es una impulsión que se adueña de ella como una orden, se despierta una voluntad, un deseo de ir adelante, sea a donde sea y a toda costa. Una violenta y peligrosa curiosidad, hacia un mundo no descubierto, flamea y resplandece en todos sus sentidos. Un deseo sedicioso, voluntario, impetuoso, de viajar, de expatriarse, de alejarse. Un odio hacia el amor.
El placer y la embriaguez que produce la rebelión personal, en la que se revela una victoria, enigmática y problemática, pero victoria al fin. Esa es la historia de esa gran liberación tan intima que viven los jóvenes de hoy, sin mucho estruendo ni mucha justificación, impulsados o tolerados quizá por la que, dos o tres décadas atrás, vivieron sus padres, primera generación después de la revolución sexual.
La soledad, esa temible diosa y mater saeva copidineun.
Después de preguntarse: ¿y el bien no podría ser el mal? ¿Y, si Dios no fuera más que una invención del Diablo? Y en último análisis ¿no podría ser falso todo?
Después de pasar cuarenta días y cuarenta noches en la soledad desértica, en un aislamiento enfermizo, piensan que queda aun mucho trecho hasta alcanzar esa inmensa seguridad y salud desbordante, y se aferran ilusionados en ella, a pesar de que deben conceder que aún allí, no podrán prescindir de la enfermedad misma, a la que elogian tratándola como el medio y anzuelo del conocimiento.
Se imaginan un estado de libertad madura del espíritu, en el cual creen lograr un dominio de si mismos y disciplina del ánimo, para acceder a modos de pensar múltiples y opuestos. La enfermedad esquizofrénica los hace sentir la superabundancia de fuerzas plásticas, medicinales, educadoras y reconstituyentes como signo de una gran salud. Y piensan que esa superabundancia es la que da al “espíritu libre” el privilegio de poder vivir, no sin peligro reconocen, a título de experiencia y de entregarse a las aventuras, y proclaman sin sonrojarse ¡el privilegio de dominio del espíritu libre!
Reconocen sin embargo, que a partir de este momento pueden venir años de convalecencia, años llenos de fases multicolores, de dulces elíxires y éxtasis de olores, mezclas de dolor y de encanto, dominadas y frenadas por una tenaz voluntad de estar sano, que ya se atreve a menudo a vestirse y a disfrazarse de salud. Los “espíritus libres llenarán miles de estantes y cientos de librerías con sus recomendaciones, escrita y leídas, para alcanzar voluntariamente la salud, el éxito, la felicidad, el dominio de si mismo y todas estas tan necesarias fantasías para lograr la supervivencia personal en la soledad y la negación del yo y de su circunstancia material y social de vida.
Dice el “sabio precursor” que el estado intermedio hace disfrutar de un goce de sol pálido y delicado, un sentimiento de libertad de pájaro, de petulancia de pájaro, una combinación en que se reúnen la codicia y un tierno menosprecio.
“Un espíritu libre”: esta fría expresión es bienhechora en este estado, casi reconforta. Se vive sin estar ya en los lazos del amor y del odio, sin Sí y sin No. Complaciéndose sobre todo en escapar, en evadirse, se está hastiado, y se llega a ser lo contrario de los que se preocupan de cosas que no les conciernen. En realidad, nos dice, lo que concierne al “espíritu libre” es en lo sucesivo solamente cosas-¡y cuántas cosas!- que no le preocupan ya…
El camino a la locura, a la desesperación, a la rebelión personal o al asesinato, de uno de otros o de si mismo, está tragicamente empedrado. ¿Quién lo puede detener? ¿quien puede interferir entre el espiritu libre y su determinación.? ¿Qué sino la enejenación puede llenar ese enorme e inconmensurable vacio que llena la vida de quien ha renunciado a todo ideal y a todo amor?
Un paso más en la curación:
Y el espíritu libre se acerca a la vida, lentamente, es cierto, casi de mala gana, casi con desconfianza, como si en su interior pesara la decepción y la duda. ¿Y si todo fuera solo una ilusión? ¿Y si no hubiera tal acercamiento? ¿Y si la curación no fuera posible?
Pasa la página, no vuelve a mirar a atrás, no quiere dudar ni interrogarse, confía en sus percepciones, en su intuición, y entonces todo de nuevo se vuelve más cálido, en torno a él; sentimiento y simpatía adquieren profundidad y encuentra así como si sus ojos se abriesen por primera vez a las cosas cercanas, las cuales le deslumbran con su nueva apariencia, de encanto revestidas.
Pero cuando de nuevo lanza hacia atrás una mirada de reconocimiento por sus viajes, por su dureza y su alienación de si mismo, por sus miradas a la lejos. ¡Qué dicha no haberse quedado siempre “en su casa”, siempre en ella, entregado a la regalada facilidad de la aceptación conforme! ¡Cómo se complace en quedarse tranquilamente sentado en su mal!
Se pone serio y se autoafirma con personalidad, creyéndoselo sin recelo, se dice a si mismo: “es una cura a fondo contra todo pesimismo (el cáncer-como es sabido-de los viejos idealistas y héroes de la mentira) caer enfermo a la manera de esos espíritus libres, seguir enfermo un buen lapso de tiempo y luego, lentamente, muy lentamente, recobrar la salud, quiero decir una mejor salud”
Podríamos recordar el final del camino que éste no pudo prever, podríamos dudar de de esa lenta procesión hacia la curación, podríamos suponer que conducía a la oscuridad total. Podemos percibir el testimonio de la existencia de la enfermedad, llamada luego “salud”, también podemos dilucidar el falso optimismo que se antepone al pesimismo de quienes merecen el odio y el más arraigado resentimiento (los héroes de la mentira). ¡Hay que denunciarlos, hay que exhibirlos, hay que vengarse!
Una salud aún incompleta.
A estas alturas de su “liberación” el espíritu libre con su salud aun supuestamente incompleta, se siente cada vez más libre, y comience a descubrir el enigma de esa gran liberación
Puede ser vista, descubierta, la gran liberación que hasta entonces había esperado oscura, problemática, casi intangible, en su memoria. Cuando en otro tiempo apenas se atrevía a preguntarse ¿Por qué tan apartado, tan solo, renunciando a todo lo que yo respetaba, renunciando a ese respeto a mi mismo, por que este odio hacia mis propias virtudes? Ahora se atreve a plantearse la pregunta y contestarse: “ Tenías que llegar a ser dueño de ti, dueño también de tus propias virtudes. Antes ellas eran tus dueñas; pero no tienen derecho a ser más que tus instrumentos al lado de otros instrumentos. Tenías que adquirir el poder sobre tu Pro y tu Contra y aprender el arte de aceptarlos y desprenderte de ellos según tu fin superior del momento.”
Ha aprendido a percibir la perspectiva de toda apreciación, la deformación, la distorsión y también la dosis de indiferencia que hace falta respecto a los valores opuestos y a todas las pérdidas intelectuales con que se hace pagar todo Pro y todo Contra.
Ahora mira la justicia y la injusticia en forma diferente. Aprende a percibir lo que llama la injusticia necesaria, inseparable de la vida, y a ver donde hay siempre más injusticia, a saber: allí donde la vida tiene su desarrollo más mezquino, más estrecho, más pobre, más rudimentario y donde, sin embargo, no puede hacer más que tomarse a si misma por fin y medida de las cosas; para conservar lo que es más noble, más grande, más rico. La pirámide justifica la esclavitud. El progreso tecnológico la explotación. La globalización el subdesarrollo.
Ahora sí, el espíritu libre sabe ya a que necesidad obedeció y también cual es ahora su poder, cuál es su derecho.
Generalizar su subjetividad.
La respuesta propia de su enigma de la liberación le sugiere la generalización de su caso. “Lo que me sucedió –se dice- debe sucederle a todo hombre en quien una misión quiere tomar cuerpo y venir al mundo. Pero es algo más que un “debe sucederle” es un le sucederá, “el poder y la necesidad secreta de esta misión obrará” sin que el hombre se de cuenta él mismo de esta misión y le de nombre.
“Nuestra vocación nos domina, aun cuando aun no la conozcamos; es el porvenir que dicta su conducta a nuestro hoy” Dice el precursor y agrega: “Dado que es el problema de la jerarquía del que tenemos derecho a hablar, puesto que es nuestro problema”.
La nueva alienación: la libertad sin ideal..
El espíritu libre se ha visto arrastrado por la predeterminación del porvenir, una vocación que lo domina, una necesidad secreta y un poder extraño. “El problema de la jerarquía del que tenemos derecho a hablar porque es nuestro problema” Este es un nuevo enigma. Esta es una Nueva Alienación, más oscura y menos racional que las anteriores, puesto que esa jerarquía se niega a manifestarse, a tener nombre, a tener ideal, a mostrar principios y causas. El precursor ha esgrimido la libertad como un fin, pero ese fin ha acabado siendo un medio oscuro de una misión dominadora y desconocida.
Un nihilismo enajenante, conducirá pronto al precursor al manicomio. La falsa curación no ha dado buenos frutos. Por el contrario será la enfermedad la triunfadora. Todo fue un engaño, un autoengaño, un voluntarismo estéril, un salto al vació.
La sociedad neurótica de los espíritus libres.
La sociedad de “espíritus libres” es una sociedad neurótica, alienada hacia los falsos ídolos, dominada por las modas y el consumo suntuario, embelezada por el porvenir, en donde todos pretenden estar adelantados a su época o a su sociedad. Nadie puede parecer antiguo, nadie puede envejecer, nadie debe mostrar amor de ninguna forma, salvo sobre lo superfluo. Todos se ufanan de ser fútiles, todos desean mostrarse indiferentes, superiores estar más allá del bien y del mal. Menospreciar las tradiciones culturales autóctonas, adoptar las innovaciones con la mayor rapidez posible, participar de las modas y saber de lo último que ellas nos muestran. Atarse a los falsos valores, marcarse con lo indeterminado, autodefinirse con el fabricante desconocido pero reconocido.
Aun quienes sustentan las más antiguas religiones no se salvan de la superficialidad interpretativa de la verdad, relativizada hasta convertirla en un medio de apaciguamiento de la conciencia y de los temores hacia las fuerzas ciegas de la naturaleza y de los hombres, y en última instancia hacia la muerte.Están ahí pero menosprecian sus principios, sus fuentes y sus gestores. Proclaman nuevos discursos, erigen nuevos dioses y nuevos heroes, y sobre precian el éxito y el triunfo.
La Epidemia Apocalíptica.
Juegan con el fin, se entretienen con la destrucción y se entusiasman con la decadencia. Son indiferentes a la realidad y procuran olvidarse de su condición subjetiva y de la estructura social.
La llegada de un fin total parece entusiasmarlos, de ella esperan la verdadera cura para su espíritu enfermo.
¡La Libertad vacía se ha vuelto una epidemia…!
Jorge Hernaldo Jiménez Bustamante.
Curridabat 27 de septiembre de 2008
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