Obama: el omega de la esclavitud en América.
Capítulo VI
Por su propia mano: La Libertadora nace en la propia raza.
Rosa Lee Parks, la afroamericana impulsora del movimiento de derechos civiles en Estados Unidos.
Rosa Lee Parks, la afroamericana considerada la impulsora del movimiento de derechos civiles en Estados Unidos, falleció a los 92 años de edad.. Parks, que ha muerto por causas naturales en su domicilio de Detroit, tenía 42 años cuando protagonizó un desafiante acto que cambió el curso de la historia estadounidense y que le valió el título de madre del movimiento de los derechos civiles.
A mediados de la década de los 50, cuando las leyes de segregación racial estaban en plena vigencia en EE UU en lugares públicos, la costurera de Montgomery, (Alabama) y miembro activa de la Asociación para el Progreso de la Gente de Color, viajaba en un autobús metropolitano cuando un hombre blanco le pidió que le cediese el sitio. Parks se negó, pese a que las leyes obligaban a que los afroamericanos ofreciesen su asiento a los blancos, acción que le valió una pena carcelaria.
En una entrevista en 1992, Parks aseguró que decidió no levantarse porque creía tener el derecho a ser tratada como cualquier otro pasajero. “Habíamos soportado ese tipo de tratamiento durante demasiado tiempo”, afirmó en dicha entrevista.
Su arresto provocó un boicot de 381 días en el sistema de autobuses organizado por un afroamericano entonces poco conocido: el reverendo Martin Luther King, que posteriormente se haría con el Premio Nobel por su trabajo. Esa revuelta marcó el inicio del movimiento de los derechos civiles, que culminó en 1964 con la ley que prohibió la discriminación racial.
Parks era reverenciada en Detroit, donde vivía desde 1957 y donde una calle y una escuela llevan su nombre. En un acto en su honor en 1998, Parks aseguró que “sin visión la gente perecerá y sin valor e inspiración los sueños morirán, los sueños de paz y libertad”.
En 1955 el Reverendo Martin Luther King, Jr., encabezó un boicot contra la segregación en el trasporte público el cual finalmente acabó con la segregación en los buses urbanos de Montgomery, Alabama. En 1957 el gobernador de Arkansas trató de impedir que estudiantes negros se inscribieran en una escuela secundaria para blancos, en Little Rock, capital del estado.
Para hacer cumplir la ley que exigía integración, el Presidente Dwight D. Eisenhower envió al lugar tropas federales.En la década de 1960, Martin Luther King Jr., encabezó una campaña no violenta para desagregar en el sur restaurantes, buses interestatales, salas de teatro y hoteles. Sus seguidores tuvieron que enfrentarse a la policía hostil, las turbas violentas, el gas lacrimógeno, las mangueras de agua y los aguijones eléctricos usados para arrear al ganado.
“Yo tengo un sueño”
El 28 de agosto de 1963 Martin Luther King brindó su discurso “Yo tengo un sueño” en los escalones del monumento a Lincoln en Washington D.C. El texto principal de una oratoria histórica.
Estoy feliz de unirme a ustedes hoy en lo que quedará en la historia como la mayor demostración por la libertad en la historia de nuestra nación.
Hace años, un gran americano, bajo cuya sombra simbólica nos paramos, firmó la Proclama de Emancipación. Este importante decreto se convirtió en un gran faro de esperanza para millones de esclavos negros que fueron cocinados en las llamas de la injusticia. Llegó como un amanecer de alegría para terminar la larga noche del cautiverio.
Pero 100 años después, debemos enfrentar el hecho trágico de que el negro todavía no es libre. Cien años después, la vida del negro es todavía minada por los grilletes de la discriminación. Cien años después, el negro vive en una solitaria isla de pobreza en medio de un vasto océano de prosperidad material. Cien años después el negro todavía languidece en los rincones de la sociedad estadounidense y se encuentra a sí mismo exiliado en su propia tierra.
Y así hemos venido aquí hoy para dramatizar una condición extrema. En un sentido llegamos a la capital de nuestra nación para cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y la Declaratoria de la Independencia, firmaban una promisoria nota de la que todo estadounidense sería el heredero. Esta nota era una promesa de que todos los hombres tendrían garantizados los derechos inalienables de “Vida, Libertad y la búsqueda de la Felicidad”.
Es obvio hoy que Estados Unidos ha fallado en su promesa en lo que respecta a sus ciudadanos de color.
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No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que el negro tenga garantizados sus derechos de ciudadano. Los remolinos de la revuelta continuarán sacudiendo los cimientos de nuestra nación hasta que emerja el esplendoroso día de la justicia.
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Pruebas y tribulaciones
Existen aquellos que preguntan a quienes apoyan la lucha por derechos civiles: “¿Cuándo quedarán satisfechos?” Nunca estaremos satisfechos en tanto el negro sea víctima de los inimaginables horrores de la brutalidad policial. Nunca estaremos satisfechos en tanto nuestros cuerpos, pesados con la fatiga del viaje, no puedan acceder a alojamiento en los moteles de las carreteras y los hoteles de las ciudades. No estaremos satisfechos en tanto la movilidad básica del negro sea de un gueto pequeño a uno más grande. Nunca estaremos satisfechos en tanto a nuestros hijos les sea arrancado su ser y robada su dignidad por carteles que rezan: “Solamente para blancos”. No podemos estar satisfechos y no estaremos satisfechos en tanto un negro de Mississippi no pueda votar y un negro en Nueva York crea que no tiene nada por qué votar. No, no estamos satisfechos, y no estaremos satisfechos hasta que la justicia nos caiga como una catarata y el bien como un torrente.
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No nos deleitemos en el valle de la desesperación. Les digo a ustedes hoy, mis amigos, que pese a todas las dificultades y frustraciones del momento, yo todavía tengo un sueño. Es un sueño arraigado profundamente en el sueño americano.
El sueño
Yo tengo un sueño que un día esta nación se elevará y vivirá el verdadero significado de su credo, creemos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales.
Yo tengo un sueño que un día en las coloradas colinas de Georgia los hijos de los ex esclavos y los hijos de los ex propietarios de esclavos serán capaces de sentarse juntos en la mesa de la hermandad.
Yo tengo un sueño que un día incluso el estado de Mississippi, un estado desierto, sofocado por el calor de la injusticia y la opresión, será transformado en un oasis de libertad y justicia.
Yo tengo un sueño que mis cuatro hijos pequeños vivirán un día en una nación donde no serán juzgados por el color de su piel sino por el contenido de su carácter.
¡Yo tengo un sueño hoy!
Yo tengo un sueño que un día, allá en Alabama, con sus racistas despiadados, con un gobernador cuyos labios gotean con las palabras de la interposición y la anulación; un día allí mismo en Alabama pequeños niños negros y pequeñas niñas negras serán capaces de unir sus manos con pequeños niños blancos y niñas blancas como hermanos y hermanas.
¡Yo tengo un sueño hoy!
Yo tengo un sueño que un día cada valle será exaltado, cada colina y montaña será bajada, los sitios escarpados serán aplanados y los sitios sinuosos serán enderezados, y que la gloria del Señor será revelada, y toda la carne la verá al unísono.
Esta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la que regresaré al sur. Con esta fe seremos capaces de esculpir de la montaña de la desesperación una piedra de esperanza.
Con esta fe seremos capaces de transformar las discordancias de nuestra nación en una hermosa sinfonía de hermandad. Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, de ir a prisión juntos, de luchar por nuestra libertad juntos, con la certeza de que un día seremos libres.
Este será el día, este será el día en que todos los niños de Dios serán capaces de cantar con un nuevo significado: “Mi país, dulce tierra de libertad, sobre ti canto. Tierra donde mis padres murieron, tierra del orgullo del peregrino, desde cada ladera, dejen resonar la libertad”. Y si Estados Unidos va a convertirse en una gran nación, esto debe convertirse en realidad.
Entonces dejen resonar la libertad desde las prodigiosas cumbres de Nueva Hampshire. Dejen resonar la libertad desde las grandes montañas de Nueva York. Dejen resonar la libertad desde los Alleghenies de Pennsylvania! Dejen resonar la libertad desde los picos nevados de Colorado. Dejen resonar la libertad desde los curvados picos de California. Dejen resonar la libertad desde las montañas de piedra de Georgia. Dejen resonar la libertad de la montaña Lookout de Tennessee. Dejen resonar la libertad desde cada colina y cada topera de Mississippi, desde cada ladera, dejen resonar la libertad!
Y cuando esto ocurra, cuando dejemos resonar la libertad, cuando la dejemos resonar desde cada pueblo y cada caserío, desde cada estado y cada ciudad, seremos capaces de apresurar la llegada de ese día cuando todos los hijos de Dios, hombres negros y hombres blancos, judíos y gentiles, protestantes y católicos, serán capaces de unir sus manos y cantar las palabras de un viejo spiritual negro: “¡Por fin somos libres! ¡Por fin somos libres! Gracias a Dios todopoderoso, ¡por fin somos libres!”
La Administración Kennedy trató de proteger a quienes trabajaban en favor de los derechos civiles, y de obtener el derecho al voto para los negros del sur. En junio de 1963 el Gobernador George Wallace, de Alabama, simbólicamente se paró ante las puertas de la universidad estatal para blancos, a fin de impedir la admisión de dos estudiantes negros, pero el gobierno federal lo obligó a franquearles el paso. Hablando esa noche ante la nación, el Presidente Kennedy exigió la promulgación de una estricta ley federal de derechos civiles. El 22 de noviembre, antes de poder lograr ese objetivo, Kennedy fue asesinado en Dallas, Texas. Aunque no fue un presidente al que todos quisieran, su muerte fue un golpe terrible para el pueblo estadounidense.
Lyndon Johnson, vicepresidente que asumió la presidencia a la muerte de Kennedy, aprobó la Ley de Derechos Civiles de 1964, la cual prohibió la discriminación racial en establecimientos públicos y en cualquier negocio o institución que recibiera fondos federales. Johnson fue elegido para un nuevo período presidencial con amplio apoyo popular en 1964. Alentado por su gran victoria electoral, Johnson envió al Congreso muchos programas sociales que fueron aprobados por este: ayuda federal para la educación, las artes y las humanidades; seguro de salud para los ancianos (Medicare) y para los pobres (Medicaid); viviendas de bajo costo y renovación urbana. La Ley de Derecho al Voto de 1965 finalmente permitió a los negros estadounidenses acudir a las urnas. La discriminación en la inmigración también llegó a su fin: se abolieron las cuotas por origen nacional, lo cual permitió un gran aumento en el número de visas de inmigrante para los asiáticos.
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