Columna
LIBERTARIOS Y LIBERTICIDAS (190).
Por Rogelio Cedeño Castro.
Correspondiente al sábado 17 de enero de 2009.
LA COMPLICIDAD CON LOS CRÍMENES DEL NAZI-SIONISMO.
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La impotencia con que la mayor parte de la llamada opinión pública mundial
ha asistido al asesinato, dentro del territorio de la Franja de Gaza, de más
mil civiles palestinos, entre ellos un buen número de mujeres y niños, por
parte de uno de los ejércitos más poderosos del planeta, constituye una de
las más grandes frustraciones de nuestro tiempo. Seguir actuando como si
nada estuviera ocurriendo, tal y como le sucede a buena parte de la
humanidad de nuestros días, no es otra cosa que la expresión suicida de
quienes renunciaron, desde hace mucho tiempo, a todo valor moral para
hacerse cómplices de los crímenes del sionismo nazifascista, un digno
heredero de los camisas pardas alemanas de Adolf Hitler y Heinrich Himmler,
con sus famosas guardias de asalto. Sus actuaciones, por momentos, muestran
una asombrosa semejanza con la parafernalia, incluso jurídica y
propagandística, que el totalitarismo teutón de los años treinta montó para
llevar a cabo sus crímenes más execrables.
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La valiente actitud de los presidentes de Venezuela y Bolivia, Hugo Chávez
Frías y Evo Morales Ayma de romper relaciones con Israel y anunciar una
acusación ante el Tribunal Penal Internacional, de tal manera que los
autores de este crimen puedan ser llevados al banquillo de los acusados, es
la expresión de un gesto esperanzador pero que no cambia sino que, por el
contrario, reafirma la gravedad del sentido más profundo de nuestras
afirmaciones. Las grandes manifestaciones de protesta, en algunas capitales
europeas y en los propios Estados Unidos, especialmente en California,
tampoco tienen todavía la fuerza para detener las manos impunes de los
criminales de guerra que continúan haciendo apología del delito. Mientras
tanto, el estado sionista continúa hablando de guerra contra el terrorismo,
a pesar de la evidente desproporción de sus actos y de la destrucción de
buena parte de la infraestructura del estado palestino en el estrecho
territorio de Gaza, dentro de lo que constituye el preludio de un desastre
humanitario, denunciado desde hace muchas semanas, por parte de algunas
organizaciones internacionales humanitarias. No nos engañemos, se trata de
la matanza de civiles más descarada de que se tenga memoria en hechos
bélicos recientes, pero lo más grave de todo es que ha sido ejecutada,
delante de nuestros ojos y con distintos grados de complicidad de nuestra
parte.
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Lo peor de todo, es que nos encontramos inmersos dentro de una atmósfera
social, política, moral como la que le permitió a los viejos nazis llevar
adelante el exterminio de millones de judíos centroeuropeos, hace apenas
algunas décadas. Los parecidos no sólo son asombrosos, sino inquietantes en
sumo grado, sobre todo porque revelan la incapacidad del género humano de
aprender y extraer la lección de los crímenes cometidos hace apenas un par
de generaciones. Pero lo más grave de todo, es que este inmenso crimen se
lleva a cabo en nombre de la democracia y de los principios de una sociedad
libre y abierta, de la que se envanecen los ideólogos neoconservadores del
único imperio que quedó en pie al concluir la llamada guerra fría. A
diferencia de la franqueza y lenguaje directo de los nazis de ayer, estas
sociedades dizque liberales han convertido el asesinato y la carnicería de
civiles palestinos o iraquíes en un espectáculo al que, por razones
inexplicables, se le sigue llamando guerra.
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Lo más triste de todo, es que no podemos dejar de pensar en que un gran
fragmento del pueblo que acababa de ser víctima de uno de los hechos más
horrendos de la historia contemporánea optaba, apenas concluida aquella
sanguinaria contienda bélica (¿cuál de ellas no lo es?) conocida como
Segunda Guerra Mundial, por formar un estado nacional, pero olvidando que el
territorio en que pretendían asentarse ya estaba ocupado por otro pueblo. El
día 15 de mayo de 1948 nació el estado de Israel y se sentaron las bases de
una nueva tragedia, con la que dio inicio el genocidio del pueblo palestino,
hoy en plena ejecución, en medio de la complicidad y la indiferencia de
buena parte del mundo occidental y cristiano (¿¿???).
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Disfrazando la gravedad de lo que viene sucediendo con pretextos de tipo
religioso, como aquellas de supuestas cesiones de tierras, por parte de
Dios, los gobernantes de Israel y el lobby sionista internacional han venido
llevando a cabo un sistemático programa de exterminio del pueblo palestino
(musulmanes y cristianos, en su mayoría). Se trata de un genocidio que, en
ocasiones, presenta semejanzas con el appartheid sudafricano en el que en
vez de negros (bantúes-xoxa y zulúes) hay palestinos para victimizar.
Seguiremos con el tema en próximas columnas.
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