Se cierra un ciclo histórico en El Salvador

Columna
LIBERTARIOS Y LIBERTICIDAS (206).
Por Rogelio Cedeño Castro.
Correspondiente al jueves 19 de marzo de 2009.
EL CIERRE DE UN CICLO HISTÓRICO EN EL SALVADOR.

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El triunfo electoral del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional
(FMLN) en las elecciones salvadoreñas del domingo anterior, no solo llevará
al periodista Mauricio Funes a la presidencia de ese país vecino -al que se
ha calificado, desde tiempos inmemoriales, dado su tamaño, con la
denominación del pulgarcito de América- , sino que cierra un ciclo histórico
que se inició cuatro décadas atrás, cuando las formas de resistencia cívica
a la brutal dominación oligárquica se fueron agotando y la sociedad
salvadoreña se fue deslizando hacia la confrontación armada, al igual que la
mayor parte de los países de la región, lo que se tradujo en la pérdida de
miles de vidas, no siempre como resultado de  acciones efectivas de combate
entre los bandos contendientes. Lo cierto es que la guerra civil
centroamericana de las décadas pasadas involucró, de muy diversas maneras, a
todos los países del istmo que une el sur y el norte del continente
americano, a pesar de que un manto de olvido interesado parece cubrir esos
hechos históricos.

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La imposibilidad de llevar a cabo transformaciones políticas, sociales y
económicas por medio de la lucha cívica, o acudiendo a las urnas, condujo a
los salvadoreños hacia la pendiente de la confrontación armada, un hecho que
se acentuó a partir de 1979, en vísperas del triunfo del Frente Sandinista
de Liberación Nacional (FSLN) en la vecina Nicaragua, cuando se produjo la
masacre de civiles frente a la catedral de San Salvador, en el mes de mayo
de aquel año, cuyo recuerdo hoy nos parece tan lejano. Por otra parte, la
convergencia de diversos sectores y corrientes al interior del movimiento
popular terminó por dar origen al FMLN, en aquellos días finales de la
década de los setenta, una organización político-militar que emergió como un
bastión de la resistencia armada de todo un pueblo, el que venía siendo la
víctima permanente del terror, la tortura y la masacre cotidiana, desde
hacía por lo menos cuarenta años, a partir de represión genocida de 1932,
contra el movimiento campesino e indígena.

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La derecha salvadoreña y sus brazos armados del ejército, al lado de una
gran cantidad de grupos paramilitares, continuaron con sus masacres  contra
la población civil, llegando a asesinar, en marzo de 1980, a Monseñor Oscar
Arnulfo Romero, el arzobispo mártir de San Salvador, y hacia finales de ese
año, a toda la dirigencia del Frente Revolucionario Democrático, el brazo
político del FMLN. Los métodos más cruentos de la guerra interna y de la
guerra de baja intensidad se aplicaron en ese conflicto armado, a lo largo
de toda la década de los ochenta, con la complicidad y el apoyo, nada
encubierto de los Estados Unidos y las administraciones de Ronald Reagan y
George Bush padre. Mientras tanto, el mayor Roberto D’ Abuisson terminaría
fundando, hacia finales de esa década, la ultraderechista Alianza
Republicana Nacionalista (ARENA), de la que se afirma que, con casi absoluta
certeza, estuvo involucrada en el asesinato de Ignacio Ellacuría y sus
compañeros jesuitas, quienes por entonces estaban a la cabeza de la
Universidad Centroamericana (UCA), allá en San Salvador, lo mismo que en
innumerables crímenes contra la población civil. Con tiempo ARENA acabaría
desplazando del eje político de la derecha a una, cada vez más reaccionaria,
Democracia Cristiana Salvadoreña, una organización política que, en sus
inicios, se había enfrentado a los regímenes militares con sus fraudes
electorales y crímenes consuetudinarios.

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No podemos dejar de indicarles a nuestros lectores que fue nuestra reflexión
sistemática, a largo de mucho tiempo, acerca de estos hechos tan cruentos,
ocurridos durante el período bélico y la fase posterior a la firma de los
acuerdos de paz, cuyos resultados se fueron concretando, de manera
paulatina, en los diversos países involucrados, a lo largo de los primeros
años de la década de los noventa, los que nos llevaron a escribir nuestro
libro LA DESMOVILIZACIÓN MILITAR EN AMÉRICA CENTRAL (Dice libros Editores
San José Costa Rica 2008), a cuya lectura atenta y crítica les invitamos.
Hoy, cuando finalmente se produce el triunfo electoral del FMLN, después de
casi veinte años de sucesivas derrotas electorales frente a la maquinaria
electoral de la oligarquía, en que se convirtió el partido ARENA, debemos
ser cautelosos en el análisis político de un panorama tan difícil y complejo
como el que se encontrará Mauricio Funes, cuando asuma la presidencia de El
Salvador, a partir del 1 de junio próximo. Saludamos la victoria electoral
del FMLN como un paso y una expectativa cierta de que algún día se construya
una democracia verdadera en El Salvador y rendimos homenaje a la memoria de
un forjador y precursor de esta victoria, el poeta Roque Dalton (1935-1975),
con quien sostuvimos largas conversaciones, allá en Santiago de Chile, a
comienzos de los años setenta.

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